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Historia de Cuenca

No hay demasiados datos que confirmen un pasado remoto para la ciudad de Cuenca. Sin que hayan sido hallados aún vestigios prehistóricos ni señales de romanización en el interior del antiguo recinto de sus muros, los más verosímiles datos de origen habría que referirlos a la construcción del reducto más antiguo de su castillo por los árabes, en el siglo X. Nació así, aprovechando la encrudijada abrupta que definía en su encuentro los dos cauces del Júcar y el Huécar, una ciudad con promordial vocación de plaza fuerte.

Avanzadilla sin apenas importancia primero durante la primera época del dominio musulmán de la Península, fue luego adquiriendo mayor relieve en la medida en que a su papel como fortaleza fronteriza próxima a la cadena montañosa que separó a Aragón de Castilla, le confería un relativo papel de clave militar de la zona y comenzaba además a dibujarse el sistema de pastoreo trashumante que le convertiría luego en uno de los centros clave del sistema ganadero de la meseta.

Cuando los cristianos llegaron hasta ella a fines del siglo XII -1177– procedentes del área de expansión que la toma de Toledo en 1085 había creado a partir del Valle del Tajo hallaron una ciudad pequeña, seguramente disminuida por las dificultades que la zona había atravesado durante los últimos años del dominio musulmán, pero no tardaron en procurar su auge y afianzamiento situando en ella una sede episcopal y convirtiéndola en la cabecera  de un extenso alfoz desde la cual se organizaría la repoblación y vigilancia frente a musulmanes y aragoneses.

Surgió el municipio como institución de gobierno en su inicial es­tructura abierta y ampliamente participativa de la voluntad política de Alfonso VIII, quien apoyando con las libertades contenidas en el fuero otorgado en 1190 a los cristianos venidos a repoblar la zona y dotándoles con la posesión y disfrute de unos amplísimos térmi­nos comunes, aspiraba a lograr de ellos un apoyo neto para la Co­rona, deseando equilibrar además el creciente poder de los magna­tes castellanos, cuyo papel político resultaría así prácticamente nu­lo en estos parajes.

 La condición fronteriza de Cuenca determinó buena parte de los sucesos que en ella tuvieron lugar durante los siglos XIV y XV. Ni las guerra civiles ni las frecuentes incursiones perpetuadas por na­varros y aragoneses impidieron sin embargo el desarrollo de una ca­da vez más pujante vida urbana. El concejo abierto fue temprana­mente sustituido por un régimen cada vez más restringido a un cuerpo electoral compuesto por los ciudadanos de más boyante economía, integrantes de una oligarquía urbana de nobles y burgueses cuyos principales ingresos se derivaban de su diversa integración en el mun­do de la ganadería. Propietarios de rebaños, mercaderes de lanas y empresarios del textil componían lo más granado de aquella so­ciedad civil. En torno a ello los artesanos se organizaban en gremios y cofradías y por todas partes se difundía la fama de las manufactu­ras pañeras conquenses rivalizando en las principales ferias por su técnica depurada, con los tejidos importados o fabricados en otras partes del país.

 El auge de la manufactura pañera y los ingresos que del negocio ganadero se derivaban determinaron junto con la concentración de capital que la existencia de una sede episcopal de nada despreciables rentas y un cabildo catedral no peor dotado, el auge y brillo de la ciudad durante el siglo XVI. Alcanzó entonces su mayor contingente demográfico —unas quince mil personas— y tuvieron entonces lugar las más importantes construcciones y remodelaciones de edificios mientras una notable escuela local de artistas y artesanos ponía a punto su destacada obra sólo en parte llegada hasta nosotros.

 Las exigencias fiscales de la Corona y el resto de complejos problemas políticos y económicos que afectaron a la Monarquía Española durante el siglo XVII determinaron, como en tantos otros lugares de la Península, el comienzo de una imparable decadencia. Menoscabada la cabaña ganadera y hundidos la mayoría de los empresarios del textil, quedó Cuenca reducida a la condición parasitaria y burocrática, desde la que se ordenaba la vida de una provincia y su obispado y hacia la que confluían unas rentas, que permitieron su subsistencia dependiente, reducidas cada vez en mayor medida sus propias actividades productivas a la nueva subsistencia de una parte de la población urbana. No se tuvo nunca garantizado el abastecimiento más elemental, como correspondía a un mercado de demanda tan corta y estrecha y por ello no sirvieron de mucho los intentos de restauración de las manufacturas textiles llevados a cabo durante el siglo XVIII, toda vez que la inexistencia de capitales locales mermaba notablemente el éxito de los intentos que la monarquía ilustrada realizó en este sentido.

No habían llegado las guerras hasta Cuenca desde que los Reyes Católicos se alzaron con el triunfo en la guerra civil que inauguró su reinado. A comienzos del siglo XVIII recibió la primera agresión do una tropa armada cuando el 11 de agosto de 1706 la tomaron las tropas del General Hugo de Widman que defendía la candidatura trono español del Pretendiente austríaco, el Archiduque Carlos. Luego, principiando el siglo XIX, sufrió múltiples asedios y tomas de resultas de los diferentes movimientos militares ocasionados por la Guerra de la Independencia. A la quiebra urbana material provocada se vinieron luego a unir los designios políticos que, implantando el liberalismo, contribuyeron a sacrificar el interior del país en pro de un problemático desarrollo económico periférico. Empobrecidos así los soportes tradicionales de la precaria economía conquense, se subrayó aún más su condición de ciudad marginal, cuya razón de ser residía exclusivamente en la subsistencia de aquellos organismos administrativos que reclamaba la condición de capital de provincia mantenida.

Clerical, conservadora y tradicional, hubo de sufrir, sin embargo por paradoja un duro asalto de las tropas carlistas en el verano de 1874, que por mucho tiempo marcó la memoria colectiva de los conquenses.

Pocos fueron los logros económicos del siglo XX. Pequeños intentos de creación de alguna manufactura maderera, sirvieron de complemento al tradicional mercado regional que Cuenca había venido procurando para las transacciones e intercambios de los pueblos de la Serranía. La llegada tardía del ferrocarril —1883— no permitió tampoco una explotación demasiado rentable de la riqueza maderera de los todavía productivos montes del patrimonio municipal. La situación no mejoró tampoco demasiado tras la guerra civil. Pocos fueron los nuevos establecimientos industriales logrados entonces y por ello la voluntad de desarrollo que, sin embargo, fue poco a poco imponiéndose tropezó con importantes trabas.

Cierto es que a estas alturas del siglo XX la ciudad ha mejorado notablemente su aspecto externo y que su crecimiento parece contradecir obstinadamente las graves hipotecas económicas que sobre ella pesan, pero no impide esto que en el deseo profundo de los conquenses siga arraigada la voluntad de aprovechar mejor cuantas riquezas hicieron de esta ciudad un lugar próspero en otras épocas, como único medio de superar la secular marginación de su ciudad.

 

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2 pensamientos en “Historia de Cuenca

  1. No veo nada en lo referente a deportes de los equipos femeninos de balonmano y hokey
    de Cuenca, partidos que se celebraron alrededor de 1949 , 1950 y 1951.
    Fueron subcampeonas de España y se jugo en el campo de la Fuensanta contra la selección alemana.
    ¿Es que no tienen nada al respecto?
    Tampoco veo que las huertas de la carretera de Palomera y Molinos de Papel se contemple como un barrio de Cuenca cuando por esas fechas eran parte importante de la ciudad pues abastecian, junto con las huertas del Jucar al mercado de Cuenca de frutas y verduras, En los años 60 ya venian los valencianos con normalidad.

    • Hola, Julián. Respecto al tema de los deportes, no tenemos esa información. Esta página no es una Historia desde el punto de vista académico, sino una memoria colectiva, y por lo tanto la información la vamos recogiendo y reflejando a partir de las aportaciones de los vecinos de Cuenca que quieran voluntariamente colaborar. Si ud. tiene información de ese tema que quiera enviarnos por escrito, o bien venir a la biblioteca y hacer una entrevista estaremos encantados de publicarla. Las huertas no están incluidas al igual que la mayoría de los barrios, puesto que la página está en construcción, tan solo está incluida la historia de tres de ellos, y no completa. Nuevamente, agradeceríamos información más amplia sobre esos temas que apunta, para añadirlos a la web. Muchas gracias por sus aportaciones. Saludos cordiales.

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