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Casablanca, una finca agrícola y el núcleo cultural de la ciudad

La información sobre el Barrio de Casablanca nos la facilitan: Mª Carmen Checa, la presidenta de la Asociación de Vecinos, que nació en los Tiradores Altos pero lleva viviendo en el barrio de Casablanca 40 años; Antonio Cantero, uno de los vecinos del barrio, que tiene 85 años; y contamos también con el relato de Santiago, de 75 años, con quien ha charlado previamente Mª Carmen.

Lo primero que dice Antonio, nada más sentarnos, es que el barrio de hoy en día no se parece en nada al que conoció él de niño, aquél de casas de una planta. Recuerda perfectamente la antigua casa, la Casona de Casablanca la finca agrícola y ganadera cuyo origen se remonta al s. XVII, porque, aunque vivía un poco más lejos, venía a jugar con los otros niños del barrio. Es autor de una preciosa maqueta que la reproduce fielmente.Antonio

También recuerda que había una calle cortada, a la altura de lo que hoy es Diego Jiménez, donde vivían los vecinos, recuerda una puerta grande, con una fuente en la parte interior (una especie de patio) y que incluso había una cueva debajo.

El origen de la casa posiblemente se remonte al s. XIII, en plena época medieval. Hay constancia de un “extraordinario caserón señorial”, una casa feudal conocida como casa de “doña Pepita”. En el s. XVII sí está documentada la casa, que tiene dependencias adaptadas como viviendas, además de dependencias agrícolas y ganaderas, propias de las casas de labor españolas. Los límites de los terrenos pertenecientes a la finca se extendían desde el Río Júcar hasta lo que hoy conocemos como Villa Román.

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Patio de Casablanca. Foto de 1870 aproximadamente. Foto tomada del libro “Casablanca. Historia de un barrio”

Para esta parte de la historia del barrio, Mari Carmen nos remite al librito editado en 1997 por la Asociación de Vecinos, escrito por Víctor de la Vega Almargro (Vitejo) y prologado por Carlos de la Rica, Casablanca historia de un barrio de Cuenca. Según Vitejo, sabemos que en 1768, Casablanca estaba en manos de Francisco Gregorio Cerdán y Félix de Ribas, herederos del clérigo D. José Ramírez de Mesas. Durante el S. XIX se incorporan a la finca varias propiedades anejas a esta, con lo que llega a tener 200 hectáreas y se convierte en la tercera propiedad más rica de la ciudad.

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Casablanca. Faenas agrícolas. Foto de 1870 aproximadamente. Foto tomada del libro “Casablanca. Historia de un barrio”

A comienzos del s.XIX, la propiedad pasa a manos de Calixta Cano, que se casó con Juan Jiménez de Aguilar, foto2Diputado Provincial, catedrático del Instituto y cronista de la ciudad durante 40 años. Construyó en la Casablanca un pequeño teatro, fundó una Sociedad Familiar, una especie de casino, donde se leía la prensa y se daban clases de declamación y piano. En los años 20, Casablanca fue el centro intelectual y de referencia cultural de la ciudad en numerosas ocasiones.

Tanto Juan Jiménez de Aguilar como su hermana, Josefa, casada con Emilio Sánchez Vera, atraían escritores e intelectuales de toda España (se sabe quepasaron por allí García Lorca, Ramon y Cajal y los Hernández Pacheco, entre otros). Desgraciadamente, tanto la Casa como el dueño sufrieron los avatares de la guerra: Jiménez de Aguilar fue encarcelado, muriendo en su encierro en 1947. La casa quedó gravemente dañada, aunque en pie.

Cuadro de Víctor de la Vega, en la sede de la Asociación de Vecinos de Casablanca

Cuadro de Víctor de la Vega, en la sede de la Asociación de Vecinos de Casablanca

Aquí finaliza el relato de Vitejo en el libro y retoma la historia Mª Carmen. Nos cuenta que, tras el destierro forzoso de Jiménez de Aguilar, la finca pasa a manos de su yerno y administrador, D. Juan Almagro (que será el suegro del pintor Víctor de la Vega). La casa, aunque dañada tras la Guerra Civil, siguió manteniendo en pie la mayor parte de su estructura, y acogía en su interior a varias familias que no tenían dónde vivir (algunos de ellos gitanos, que eran expulsados de la ciudad y pasaban dos o tres días en la casa). Santiago y sus padres estuvieron viviendo en el interior de la casa. “Cada familia vivía como podía, en dos o tres habitaciones tenían que comer, dormir, y compartían un servicio para todos.”

Y lindando con la casa, en la que hoy conocemos como calle Diego Jiménez, trabajaban estas familias de las que hoy, los más mayores, tienen memoria: por ejemplo, la carpintería de la familia de Faustino “el tuerto” y Máxima, que tenían once hijos. En realidad la carpintería era una cuadra que había adecentado. Francisco y Amadea tenían seis hijos, se dedicaban a recoger las pieles de los corderos para irse manteniendo. Había una zapatería, en la c) Santa Inés, cuyo dueño se llamaba Pablo. Estaba la Familia de los Garrudos (la mayoría del barrio aún sabe quién es la familia) que trabajaban de transportar colmenas, con seis hijos, de ellos dos se hicieron toreros: Jesús y Tomás Sánchez Giménez. (Luego se fueron a la calle del Agua).

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Final de la c) Diego Giménez, donde aproximadamente estaría la Casa Blanca

Las mujeres salían al campo a las 6 de la mañana, las recogía Félix Requena “El Liberal”, otro de los vecinos de la finca: recogían garbanzos, guijas, lentejas y yeros. Había mujeres que salían incluso embarazadas, porque con 10, 11 hijos, tenían que salir a trabajar. Me explican, de paso, que las guijas son semillas parecidas a las habas de las que se hace la harina de almortas.
Antonio interviene para explicar que él también era trillador de “El Liberal”, con 14 o 15 años. Recuerda que había una casa grande en la carretera de Valencia, en donde hoy está la gasolinera, donde vivían y donde les recogían para salir al campo. Los terrenos de la casa llegaban, recuerda él, hasta las Eras del Tío Cañamón (la calle hoy día tiene el mismo nombre). Todas esas tierras eran de Casablanca, Mirabueno, la calle Jorge Torner, todo lo que hoy conocemos como Villa Román…

También han predominado en esta época (años 40) en el barrio las fábricas de madera. Una de ellas era la fábrica de madera de cuerda. Estaría más o menos lindando con lo que hoy es la calle Santa Inés, por una parte, y con Diego Jiménez, por otra. Y luego existía, en la plaza Inocencio Rodríguez, la fábrica de “el pozo”, que cuentan que era inmensa, llegaba hasta la Iglesia de Santa Ana.

Antonio recuerda que había una cueva también debajo de su casa, donde estuvo la fábrica “Los panes”. Tenían un colchón allí todo el tiempo, eran siete hermanos y su padre estaba en la guerra, así que su madre enseguida se asustaba, cuando escuchaban el estruendo de los aviones, bajaban a esconderse. En una ocasión vieron arder un almacén de resina que estaba situado en frente de donde vivían ellos, en lo que hoy es la calle Hermanos Becerril y más concretamente el bloque de viviendas que los conquenses conocemos como “la u”. Estuvo ardiendo 10 o 12 días…recuerda también que había en la carretera un olmo grandísimo, que cayó una bomba y un trozo de metralla se clavó en la cuna de su hermana, se asustaron y salieron corriendo campo a través, por el camino Cañete, a casa de un tío suyo. Otra fábrica de esa zona era la Fábrica Raimundo Álvaro, donde estuvo también la fuente de San Fernando

Otro recuerdo presente en la memoria de los mayores es la famosa “reguera de Santa Ana”. Salía del Río Moscas, pasaba por un campo, que llamaban “la feria de los burros”, a unos 20 m de la antigua Telefónica (para ubicarnos, hoy hay un supermercado “Ahorramás”) y antes había unos huertos. La reguera tomaba una curva, pasaba por la actual piscina Luis Ocaña, la plaza del Cinematógrafo, la calle Mª Luisa Vallejo y desembocaba en el Vivero. Regaban las huertas del vivero y las huertas que había donde están “Las 200”. Tenemos dudas de la ruta exacta de esta reguera, porque el terreno ha cambiado mucho, y más aún el urbanismo, pero finalmente mis informantes acuerdan este recorrido aproximado.

Estas familias de la posguerra de las que hablamos eran muy humildes, tanto que los hijos cuando salían de la escuela, se dedicaban a llenaban botijos con agua y los llevaban a las vías del tren. Conocían los horarios de las paradas y los descansos del tren, subían y cobraban a los cansados viajeros 10 céntimos por un trago del agua fresquita. Cuenta Santiago que se les rompían muchos botijos, con las prisas…

Aunque ellos no comían lo suficiente, a veces hacían bocadillos para venderlos en el tren y los cobraban a peseta. En la reguera se entretenían jugando con “tozas”, a ver cuál llegaba antes… También cuenta Santiago que La Ermita estaba destruida desde la Guerra Carlista, así que como no tenían Iglesia acudían a la de San Antonio el Largo. Sería el año 1947 cuando Santiago fue a tomar la Primera Comunión.

Pero llegó el momento en que aquéllos primeros vecinos del barrio tuvieron que abandonar la casa y los negocios colindantes. La construcción de 750 viviendas, promovida por la Cooperativa Ciudad Encantada, en 1975, supuso un aumento considerable del barrio y un cambio radical en su estructura: de aquellas casas de una planta y de la antigua casona ya nada queda. Las 10 o 12 familias que vivían en los aledaños de la Casona, se fueron desperdigando por otros barrios de la ciudad, en un primer momento acogidos por Don Simón, el cura de Cáritas de aquél entonces. El Ayuntamiento se hizo cargo de los enseres, apenas cuatro muebles de madera que era lo único que quedaba.

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Foto aérea de finales de los años 50, en la que se ven los huecos de lo que después serían “Las doscientas” y “Las 750”. Foto publicada en “El Día de Cuenca” el 13 de junio de 2010

Luego construyó la otra cooperativa, la de Francisco Vergaz, más conocido por “los pisos de la Cuberg”. Con estas nuevas construcciones cambia definitivamente la estructura del barrio… insisten en ello: antes de eso, de la cooperativa, el barrio “era solo el Cerrillo, casitas de una planta” Antonio bromea, “casetas o casotas”, a la sombra de la gran casa, la casona, debajo de la cual había una cueva donde se escondían.

Siguen estando los vecinos que inauguraron estos pisos en el momento actual, por lo cual la población del barrio es mayoritariamente de gente mayor, aunque en los últimos años se está produciendo una regeneración de gente joven de otros países. Podríamos decir que de los 2500 vecinos aproximadamente que viven en Casablanca unos 500 son personas mayores y otros 500 inmigrantes, aunque son datos aproximados. Se definen como un barrio intercultural sin problemas de convivencia. Insiste mucho Mª Carmen en que en el barrio no hay problemas de convivencia.

centro actividades

Pista multijuegos, en la Plaza de Santa Ana

El centro de ocio del barrio es la plaza de Santa Ana, ya que no hay una zona verde cerca del barrio allí se concentran los jóvenes, en la pista de multijuegos, construida hace cinco años, que ha tenido un éxito impresionante, los jóvenes están distraídos. Ahora tienen en marcha el proyecto de los graffitis, entre jóvenes del barrio y los de sus vecinos de las quinientas. Antonio dice que cuando eran jóvenes no tenían nada de esto, jugaban a la dola, al escondite, a muchas cosas. A las guerrillas entre barrios: había un túnel debajo de la estación, que salía desde la carretera de Valencia, a la altura de lo que hoy es la calle Serpol e iba a parar al Paseo de San Antonio. Los chavales bajaban por ahí y se peleaban a pedradas… luego “nos llevábamos todos bien”. Nos enseña varias cicatrices en las piernas que demuestran los efectos de las pedradas, pero se ríe, dice que él también les daba a los demás.

En esa misma plaza, evidentemente, hay que hablar de la Iglesia de Santa Ana. La parroquia de tiene tan buena relación con los vecinos, que nos dice la presidenta que es, dehecho “la casa de todos los vecinos” y  que están ayudando a muchos de ellos, que en estos momentos están sin trabajo.

En nuestro recorrido, actual y pasado por el barrio, nos preguntamos por el transporte público: inexistente. Tienen que bajar a la Av. de Castilla la Mancha a coger el autobús, a pesar de que antes pasaba por el Paseo de San Antonio, no hace tanto, hasta hace 10 o 12 años. La línea de las Quinientas pasaba por allí y paraba en la puerta de la Asociación de Vecinos.

También nos interesamos por el tejido empresarial del barrio: los comercios en un principio eran sencillos, de hecho eran “tenderos”, los de toda la vida, por ejemplo la tienda de “La Parrillana”. Con el crecimiento del barrio han llegado nuevos comercios, sobre todo les ha venido muy bien la apertura de un supermercado con precios bajos, que favorece a la gente mayor. Sigue enumerando los servicios: la piscina Luis Ocaña, el Centro Médico, el Centro San José para mayores, el Colegio de Casablanca, que tiene una buena relación con la Asociación de vecinos… Algunos de estos servicios, como el Centro Joven, los multicines, no son del barrio, son de toda la ciudad, pero les gusta que estén en el barrio, lógicamente, les dan vida.

Ya solo nos queda preguntar por las fiestas: las fiestas populares son en 26 de julio, festivretabloSantaAnaidad de Santa Ana. Comienzan con un pregón, juegos infantiles, verbenas, cena vecinal (“a sobaquillo”), la actuación de magos, la renovación del voto de Santa Ana, a las 10:30 y la procesión por las calles del barrio, el concierto de la Banda Municipal… Antiguamente se hacía en la plaza del colegio, pero al ensancharlo se quedaron sin esa plaza y probaron a hacerlas en el patio del colegio. Esta solución no les convenció, así que se trasladaron a la plaza de Santa Ana. Nos explica también que el origen de las fiestas se remonta a 1281, cuando una peste bubónica acabó con muchas vidas en Cuenca, lo que hizo que los fieles se encomendaran a Santa Ana. Construyeron una ermita en su honor, destruida en la Guerra Civil, salvo su retablo renacentista, que se trasladó a la Catedral.

 

Con esta vuelta al origen remoto, a una Casona y una Ermita medievales, de las cuales hoy no queda ni rastro, terminamos nuestro recorrido por uno de los barrios más singulares de la ciudad, de finca agrícola a cooperativa de viviendas, de núcleo intelectual a lugar de acogida de gente sin hogar, que conserva muy vivo el legado de sus antepasados, un barrio unido y orgulloso de su más poderosa arma: su imborrable memoria.

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6 pensamientos en “Casablanca, una finca agrícola y el núcleo cultural de la ciudad

  1. Hay algunas notas en la leyenda sobre el Barrio de Casablanca que humildemente opino que no son exctas. Entre otros la Cooperativa de las Casas de la Cuberg son anteriores a la de la Ciudad Encantada (no es mucho el tiempo, pero si anterior) además esta Cooperativa recibió el nombre de Obispo Inocencio Rodriguez Diez.
    La destrucción de la ermita de Santa Ana ocurrió en el siglo XVIII por la Guerra de la Sucesión, no queda ningún vestigio arquitectónico, pero sí su retablo, que entonces escaló hasta la Catedral, ubicándose en ella en otro lugar que ahora ocupa, ya que en la actualidad y desde 1755 se asienta en un muro del Crucero a continuación de la Capilla del Obispo.
    Obra de lienzo sobre tabla, de finales del XVI, de estilo renacentista en la que se puede contemplar a la Santa Abuela con la Virgen y el Niño sentados en sus rodillas, protagonizando el altar donde recibe culto y en el que se renueva, año tras año, el “Voto a Santa Ana” en la fecha antedicha.
    En cuanto a la reguera de Santa Ana (se dice muy bien que de recorrido incierto) opino que era al revés o sea comenzando donde dice que termina y terminando en el rió Moscas (llego a esta conclusión por la altura de los terrenos descritos puesto que el desnivel así lo hace suponer.

    • Hola, Francisco. Muchas gracias por su aportación, aquí queda el comentario para que consten todas las aclaraciones y las informaciones que añade.
      Respecto al retablo, se menciona brevemente en el post (en el artículo) pero al intentar resumirlo mucho, es cierto que no queda bien explicado. Lo de la reguera da mucho que hablar, porque lo del desnivel que ud. comenta es totalmente cierto, pero los mayores recuerdan que desembocaba en los viveros… De cualquier manera, aquí queda escrita su explicación que le agradecemos enormemente, pues un proyecto sobre la memoria histórica sólo se puede reconstruir a partir de los relatos de todos. Un saludo, y le invitamos a seguir participando.

  2. Me ha gustado mucho este relato, aunque tantos datos históricos, me llenan la cabeza.
    Lo que si quiero aportar a este relato es sobre la “Reguera de Santa Ana”. En mi familia habia tiempo en verano dedicado a la pesca del cangrejo de rio, que luego vendiamos en la plaza del mercado. Los que sobraban de un día, había que mantenerlo vivos, y para ello los bajábamos a esta regadera durante unas horas de la noche. En una ocasión, algún bicho, rata u otro parecido rompió el saco que servia de tapadera al envase para mantener el frescor, y cuando fuimos a recogerlos, se habian salido casi todos; por lo que suponemos contribuimos a la repoblación cangrejil. Y por cierto: la regadera desembocaba en el vivero, para el riego del mismo.

  3. En esta historia del barrio de Casablanca en lo concerniente a la hepoca entre 1930 y 1950 no se hace referencia al horno de bollos y madalenas que estaba en la casa n 2 de la calle Alonso de Cespedes que daba por detras con el callejón de la calle Baltasar Porreño, estas casas continuan estando igual que cuando mi abuela se traslado a Cataluña en 1952, tanto una parte como la otra de la casa no han cambiado.
    La esquina si ha cambiado al edificar en la casa de Paco el carnicero otor veciono famoso de la epoca igual que el funcionario de prisiones o el hojalatero Apolonio tan conocidos como el carpintero al que conoci de niño con mi madre que era una de las hermanas bendedoras de bollos con un cesto de los que tenian tapa, por todo Cuenca.
    Podria dejar mas comentarios de la gente del barrio de esa epoca.

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